
Virginia Woolf, Londres 1939
© Gisèle Freund, colección Dr. Marita Ruite
Con tres exposiciones simultáneas Alemania rinde homenaje a la gran fotógrafa Gisèle Freund, que el pasado 19 de Diciembre de 2008 hubiera cumplido 100 años. En Berlín, su ciudad natal, tienen lugar dos exposiciones: una en el Ephraim Palais, la segunda en el Willie Brandt-Haus. El Kunstfoyer der Versicherungskammer Bayern en Munich acoge la tercera exposición.
Una excelente muestra que reúne más de 130 obras, permitiendo al espectador recorrer un amplio abanico de recuerdos de la artista. Fotografías documentales de 1932, tomadas en Frankfurt, donde estudió sociología con Adorno. Escenas de la ciudad, la manifestación de obreros junto a estudiantes socialistas y comunistas del 1° de Mayo, o los estudiantes Nazis haciendo el saludo Hitleriano. Otras muestran los cuerpos golpeados y ensangrentados de sus compañeros de estudios.
En 1933 se exilia en Paris. Dos años después, en junio de 1935, Andrè Malraux invita a Gisèle Freund a fotografiar el Primer Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en París. Obtiene veintitrés imágenes vibrantes que reflejan el aura de los 250 participantes, grandes personalidades de la cultura todos ellos, y la trascendencia histórica del congreso.
Ese mismo año realiza un documental sobre las paupérrimas condiciones de vida de los obreros ingleses afectados por el paro en la zona minera e industrial de Newcastle-on-Tyne, en el norte del país. Fue publicado en las revistas Weekly Ilustrated y Life, con las que Freund colaboró regularmente para ganarse la vida. Una docena de fotos retratan la miseria de las zonas afectadas por la depresión. Las imágenes muestran una ciudad gris en la cual las familias de los obreros vuelven su mirada entristecida hacia la cámara. En los rostros y cuerpos de los retratados se dibujan los estragos causados por el hambre y la penuria de su situación. La sonrisa inocente de una niñita deja un sabor amargo en el espectador.
El conjunto fotográfico más importante de la exposición lo forman los retratos de escritores, artistas y amigos, ahora convertidos en iconos de una época, con los cuales la fotógrafa se hizo famosa.
De esos iconos cabe destacar el retrato de André Malraux de 1935, el primero que hizo de un escritor y los dos retratos a color de James Joyce y Virginia Woolf, ambos del año 1939. La imagen que tenemos de la autora de Las Olas, la debemos a dos retratos: el primero, tomado por George Charles Beresford en 1902, cuando la escritora tenía 20 años; el segundo, tomado 37 años después, última imagen de la escritora, grabada para siempre en el recuerdo de sus lectores. Resulta difícil describir este retrato e, inevitablemente, todo lo que pueda decir sobre él parecerá superfluo. Convertido en quintaesencia de si misma, el rostro de la escritora refleja la tristeza y el sufrimiento que la irán minando en los últimos años de su vida. Cargado de una gran intensidad emocional, impresiona por su inusual intimidad, dando testimonio de una realidad conmovedora.

Jean Cocteau, Paris 1939
© Gisèle Freund, colección Dr. Marita Ruite
G. Freund definió su objetivo al tomar un retrato en esta frase: Para mí, lo único que cuenta es la personalidad de los seres. No le interesaba plasmar solamente el objeto físico, perseguía algo más importante: captar la sustancia anímica del sujeto. Sus retratos se caracterizan por la espontaneidad e informalidad de las escenas, cualidades ya presentes en el magnífico y poco conocido retrato del sociólogo Norbert Elias, del año 1932. En ese retrato supo captar el momento y disparar. Unos años antes, el fotógrafo alemán Eric Salomon había revolucionado el arte de fotografiar al mostrar sujetos en posiciones espontáneas en sus fotos. Gisèle Freund es al retrato íntimo lo que Salomon es a la fotografía documental.
En esos espacios privados logró capturar la atmósfera peculiar y simbólica que envolvía los momentos vividos junto a los objetos que fotografió de forma magistral, como en el retrato de Cocteau (1939), donde un reducido juego surrealista de formas y espacios capta nuestra atención a primera vista, aunque lo excepcional del mismo es la mirada perdida del artista. Ensoñación poética que, lejos, muy lejos de su presente, ya liberado de sus cargas, tranquilo y silencioso, fuma el cigarrillo de la eternidad.
Fue pionera en el uso de la fotografía en color que comenzó a utilizar en 1938. Entre los años 1938 y 1939 realizó más de ochenta retratos de escritores: Aragon, Benjamín, Valéry, Colette, Triolet, Gide, Wolf, Malraux y Sartre, entre otros.

Samuel Beckett, Paris 1964
© Gisèle Freund, colección Dr. Marita Ruite
En Sudamérica fotografió a Eva Perón, Frida Kahlo, Diego Rivera, Victoria Ocampo y Pablo Neruda a lo largo de los años 40 y 50. Realizando en Méjico su famoso autorretrato. Además, fotografió esculturas y objetos precolombinos, escenas urbanas y rurales.
De los años 60 y 70 pueden verse retratos de escritores y artistas tanto en b/n como en color: Cortazar, Koestler, Celan, Hesse, Borges, Bonnard y, por supuesto, Simone de Beauvoir, de quien se muestran retratos tomados en diferentes años. Bien conocida es la gran reserva, rayana a la neurosis, con la que Samuel Beckett defendía su vida privada. Sin embargo, fue pródigo en lo referido a dejarse retratar. En el año 1964 Gisèle Freund realizó una serie de retratos del escritor en su espacio privado. Cartier-Bresson realizará en 1965 un retrato del escritor en el mismo lugar y con el mismo fondo: una librería. El resto de los retratos conocidos de Beckett se hicieron en lugares públicos o tienen un fondo neutro.
El retrato de Freund muestra a un Beckett pensativo y relajado que, sentado encima de una mesa, fuma un cigarrillo. El contraluz confiere un tono a la figura, que no llega a ser dramático gracias a la sensibilidad de la fotógrafa y su cámara.
"...el vuelo de una bala de fusil o el caer de una gota de leche fotografiada en millonésimas partes de un segundo. Una técnica inventada por la ciencia que puede dar lugar a una experiencia artística. La armonía abstracta de los cristales, las células y partículas de las plantas mil veces ampliadas o, simplemente, el deslumbrante reflejo de una gota de aceite en un charco de agua son, al igual que otros muchos detalles de nuestra vida cotidiana, realidades por las que pasamos sin prestar atención, pero que en el ojo creativo de un fotógrafo se hacen visibles, convirtiéndose en imágenes de una belleza sorprendente..." (1)
