
El hombre está en una gran crisis constante. Primero entra en crisis su sexualidad cuando debe tomar una decisión al respecto, y no conscientes de ello lo hacemos... Luego entramos en crisis con las ideologías, no sabemos si unirnos al grupo de la universidad que lleva pancartas a todos sitios, o escuchar a los conservadores (en su mayoría) de nuestros propios padres. Seguimos a la siguiente etapa donde entra en crisis nuestra responsabilidad por la vida... por el dinero... queremos ser mochileros capitalistas, una gran contradicción, aunque muchos podemos optar por una cosa u otra.
Elegimos la carrera, la pareja, la casa, el coche, elegimos si tener un hijo ahora o más adelante, elegimos a los amigos y el hobby que nos quita de la rutina. Cada tanto entrará en crisis nuestra personalidad, nos plantearemos década tras década si esto era lo que queríamos. Viviremos preguntándonos que es la felicidad o si la hemos conseguido. Y en medio de este huracán que se nos encierra en el cuerpo prendemos la tele y nos hablan de crisis. La crisis es parte de la historia del hombre, muchos creen que son oportunidades, otros creen que la vía de solución es la muerte en combate.
En la Primera Guerra Mundial hubo más de 40 millones de bajas como resultado, incluyendo aproximadamente 20 millones de muertes civiles y militares. Las diferencias sociales se acentuaron con el enriquecimiento de los mercaderes de armas y el empobrecimiento de los pequeños ahorradores, los retirados y los asalariados afectados por la inflación. La contienda generó un intenso desarrollo de los instrumentos y técnicas de guerra: fusiles de repetición, ametralladoras, gases venenosos dando origen a la guerra biológica y química.
En 1929 llega la Gran Depresión. La caída de los precios en América afectó a las industrias de otras partes del mundo que tenían precios superiores a los estadounidenses y que al no poder competir, vieron drásticamente reducidas sus exportaciones. La gran Segunda Guerra estalló en 1939 una guerra total que directamente incluyó a países de otros continentes e influyó indirectamente en los aspectos políticos, sociales y económicos en el resto del mundo, de manera similar como sucediera con el enfrentamiento armado de 1914. Si focalizamos la mirada cruzando el gran charco hacia América del Sur, muchos escapados del desastre europeo rearmaron su vida en tierras nuevas y fértiles. Gobiernos que les abrían los brazos a nuevas oportunidades para hacer oficios, grandes empresas y grandes familias.
Este gran sueño morirá a partir de los 70. Los militares, la nueva orden, las importaciones descalibradas de lo barato destruye las industrias internas recreando 25 años después contiendas de gente empobrecida que retornará a buscar el sueño allí mismo donde sus antepasados huyeron desesperados. El círculo se está cerrando, las movilizaciones son parte de nuestra vida a varios niveles. Nosotros siempre hemos estado en crisis.
¿Es que no estar en crisis significa poder gastar más?. ¿Acaso no estamos en crisis cuando vemos de lejos llegar pateras y nos quejamos al respecto?. O cuando comentamos los conflictos armados en Palestina y hasta nos parece rutinario escuchar el número de muertos del día en las noticias de las 15:00 horas.
Estamos en crisis cuando vemos las rebajas como la oportunidad para sentirnos más completos y más contentos y además estamos en crisis cuando aún ponemos nuestras esperanzas en un solo hombre y adjudicamos toda su bondad a un solo factor creyendo que la magia será la responsable de que todo cambie. Todo cambiará si modificamos nuestra conciencia y reestableceremos el equilibrio cuando empecemos a sentirnos tranquilos mirando hacia nuestros costados. A partir de eso podremos ver y mirar simultáneamente dejando de ser ajenos a lo que en definitiva siempre serán nuestras propias miserias.