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Una mujer camina por una calle junto a la orilla de un río.
Parece una tranquila tarde de verano.
Se proyecta la sombra de unas almenas que no atemorizan a nadie.
Sólo es una sombra.
Lo que importa es la vida que queda fuera de ese alto muro.
Lo que importa es el río y esos árboles inclinados hacia él,
en sentido opuesto al plano de la calle.
La mujer camina a paso rápido, vestida con ropa de ciudad, moderna.
Otras personas se alejan en sentido contrario.
Y alguien hizo una foto desde arriba, desde lo alto, curioso, esperando
el momento.
Esperando que encajara todo: la geometría de las almenas, la vibración
del agua, con su brillo de plata, esperando una mujer con vestido blanco
para que todo cuadrara.
Sintió que esa tarde resumía lo que él buscaba, y que allí, en el monasterio
de Novodevichi acabó por atrapar, el equilibrio de la geometría y la vida
discurriendo junto a ella, siendo consciente, de que a la velocidad de un
parpadeo, todo habría acabado.
Teresa Lañarova
Madrid, 18 de diciembre de 2005
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