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Lilia Luján
México, D.F. 1965.
Reside en la actualidad en Barcelona.
info@lilialujan-arte.com
http://www.lilialujan-arte.com
Lilia Luján, de lo sensible iconográfico
La sensibilidad es la mano que conduce el pincel, que inventa mundos,
que abre la puerta a la imaginación.
Iconos, símbolos, materia, relieves, signos que están ahí, para
describir informalmente su voluntad geométrica, su decidida firmeza
por lo icónico, como fórmula para reflejar el camino.
Muestra un mundo surreal y simbólico, otro primitivista y como no el
abstracto-geométrico.
Todos se interrelacionan mutuamente, buscando una armonía en la que
predomina la alegoría, la aproximación a un estadio de la conciencia
interior, sutil, como si fueran concebidos en una sesión de la ayahuasca.
Pero no hay selva del Amazonas, no se trata de un chamán evolucionando,
sino de una artista que ahonda en las metrópolis, en las sensibilidades
de los seres que nos entrecruzamos, en la dicotomía hombre-mujer,
revisando los paradigmas del sexo, dando importancia a lo biológico como
senda para alcanzar el corazón y la conciencia.
Describe un mundo primitivista, anclado en la tierra, que ahonda en los
vericuetos y en los secretos de las gentes que se miran y vuelven a ver
visiones de un alma que se ha mantenido alejada de los sinsabores.
Hay diálogos cotidianos, conversaciones al filo del tronco de la palmera.
Sexo, energía, energía, espiral y vida.
Sexo, biología de la existencia, asentamiento de los reales psicológicos,
para viajar hacia la propia evidencia de la tierra.
Base, estructura, geometría, formas geométricas que se explican y nos
explican, mostrando los magmas, pigmentos, colores, tonos, delicadeza
sutil de la energía.
Existencia de vericuetos, hondonadas, senderos, trazos en la nada que
es el todo, retazos de un sin igual en el magma de la materia.
Plasma el color como cromatismo, considerándolo como tonos que matizan
formas, que delimitan estructuras, que nutren relieves, que reafirman
selvas personales, aquellas que se conforman y nutren de lo psicológico
profundo.
No hay verdad única e incuestionable, solo conjunción cristalina y
versátil de visiones que se van suplantando, buscando de manera continua
y constante orientaciones que se basan en el origen de las cosas.
En su pintura hay ironía, postura ácida, contemplación del otro sexo,
para recrearse en su estética, en su fuerza, en la energía que transforma
las cosas.
Pero se halla también el corazón, el mundo de los sentimientos, que matiza
las cosas cotidianas y les da un sentido más profundo.
A partir de esta actitud abarca amplitudes y espacios, busca galaxias
nuevas, pero siempre dentro de contextos iconográficos, descriptivos,
inocentes, ambiguos o ceremoniosos.
No es evanescente, no busca la improvisación, sino ser constante en sus
obsesiones, en su manera de ver las cosas, hilvanando un discurso personal,
hecho a base de actos cotidianos, de realidades, de actitudes y de maneras
de ver la vida basadas en lo sensible iconográfico como punto de
partida explicativo.
Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
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