Esculturas en las Islas Cícladas (tercer milenio antes de Cristo)


"¿Duermes, Aquiles, y me tienes olvidado?
Te cuidabas de mi mientras vivía, y ahora que he muerto me abandonas.
Entiérrame cuanto antes, para que pueda pasar las puertas del Orco; pues las almas, que son imágenes de los difuntos, me rechazan y no me permiten que atraviese el río y me junte con ellas; y de este modo voy errante por los alrededores del palacio, de anchas puertas, de Plutón.
Dame la mano, te lo pido llorando; pues ya no volveré del Orco cuando hayáis entregado mi cadáver al fuego.
Ni ya, gozando de vida, conversaremos separadamente de los amigos; pues me devoró la odiosa muerte que el hado cuando nací me deparara.
"
Homero, La Iliada, canto XXIII.


El llanto de Patroclo será remediado por su amigo.
Los viejos ritos se llevarán a cabo una vez más y el alma del guerrero encontrará sosiego.

Todo esto formaba parte de una cultura de la muerte muy arraigada en el mar Egeo y en concreto en las Islas Cícladas donde se han hallado más de dos mil tumbas con sus ajuares funerarios.
Nada raro en la rica cultura de estos isleños, hábiles con las técnicas metalúrgicas, buenos navegantes, prósperos comerciantes, conocedores de su entorno geográfico.

Lo que nos sigue sorprendiendo y admirando aún hoy son las figuras que acompañaron sus ajuares funerarios: las bellas y enigmáticas pequeñas esculturas de mármol blanco.
Hoy sabemos que su blancura la proporciona la alta calidad del mármol de la isla, de grano compacto y muy fino, y que su esquematismo vino determinado por la técnica empleada en su elaboración al usar la piedra esmeril (carbón cristalino) que a falta de otro instrumental de cobre menos abundante en las islas permitía pulir el mármol.
El artista debía de evitar los rasgos más sobresalientes que le facilitaran su tarea, resultando unas líneas muy puras y una esquematización muy marcada.

Los expertos las han medido (la mayoría no pasan de 30 centímetros, algunas, raras, miden 1,5 metros, y estas debieron ser cortadas por el cuello y las piernas para introducirlas en las tumbas), las han puesto etiquetas según su mayor esquematismo (tipo "caja de violín") o representación del cuerpo humano femenino (serie "realista"), siendo los últimos en aparecer las de los músicos tocando la flauta o la lira.

A partir de aquí empieza el terreno de la especulación y nuestra admiración.
¿Por qué fueron hechas con tanto mimo y para qué?
Dado que abundan las figuras femeninas es inevitable relacionarlas con las diosas de la fertilidad neolíticas, o por comparación con los ajuares funerarios egipcios, con los "ushebtis" o figuras de sirvientes que seguirían realizando sus tareas en el más allá a las órdenes de sus amos; otras teorías se centran en considerarlas ofrendas funerarias a los dioses en sustitución de sacrificios humanos o, siguiendo con los referentes egipcios, servirían para proteger al difunto en su viaje al más allá a modo de amuleto o para transportar su alma al otro mundo.
Algo que Patroclo reclama con urgencia de su amigo Aquiles y que éste parecía haber olvidado.

Han pasado cinco mil años y parece que nunca nos cansamos de mirarlas.
No somos los únicos, los de ahora, en hacerlo.
Fuera de las islas Cícladas, en su entorno, y en especial en Creta, en la antigüedad, imitaron su estilo y al parecer, con el mismo fin, ser depositadas en las tumbas.
Mas tarde, ya en época contemporánea, las tumbas fueron profanadas por buscadores codiciosos de tesoros y estas pequeñas obras acabaron en el mercado negro de obras de arte para el capricho de quienes pudieran pagarlas.

¿Y qué es lo que nos gusta tanto? ¿qué vieron en ellas los viejos maestros de las vanguardias del siglo XX, caso de Giacometti, Modigliani, Brancusi o el mismo Picasso, que si pudieron, las coleccionaron?
No es difícil observar en sus dibujos o en el pulido de sus formas escultóricas trazos de la pureza de lineas de estas "antiguas damas"; a modo de ejemplo podemos también recordar a los "campesinos sin rostros" de Malevich, obras de 1930.

Si nuestros clásicos-modernos buscaban un referente alternativo a la figuración y para ello, todo lo primitivo, ya fuese africano, polinesio o ciclaico les abría la puerta a nuevos lenguajes, hoy que todos los lenguajes son posibles, las obras de aquellos isleños anónimos, nos parecen aún más hermosas por todo lo que tienen de precursoras, de enigmáticas, perfectas en su acabado.

¡¡Descanse en paz el alma de Patroclo al cruzar las puertas del Orco y bienvenidas sean, otra vez, al mundo de los vivos todas y cada una de las esculturas de las Cícladas que vayan apareciendo!!

Teresa Lañarova
Septiembre 2005

jemenuno@epersonas.net