Carta abierta a los alcaldes que de Calp han sido:

A todos vosotros os dedico este reportaje para que veáis reflejados vuestros crímenes ecológicos.
No os alarméis.

Crimen, dice la Real Academia Española se debe entender como:
"Delito grave. Acción indebida o reprensible. Acción voluntaria de matar o herir gravemente a una persona".

La saga de corregidores y ediles democráticos de Calp, no habéis matado a nadie y, en todo momento, habéis cumplido la legislación vigente, sancionada por vosotros mismos.
También sois conocedores de que lo legal, justo, moral y ético, no siempre van unidos.
Es posible que en un gesto de ingenuidad y de sorpresa, os preguntéis, en qué ha consistido vuestro continuado delito ecológico.
Pues las fotografías hablan por sí solas:
Desde el casco viejo del pueblo hasta el Parque Natural del Peñón de Ifach, habéis erigido un monumento a la especulación del más genuino estilo franquista.
No en balde aún homenajeáis a sus más insignes personajes en vuestras calles: Carrer José Antonio y Calle del 18 de julio.


Esta anarquía urbanística muy lucrativa para los caciques de siempre, han asfixiado huertos, cultivos, casas pequeñas de una o dos plantas y todo el litoral.
A un lado y a otro del peñón.

Habéis querido epatar al vecino Benidorm y las víctimas de las arcas de los especuladores han sido los vecinos del Calp y sobre todo la naturaleza.
Es lamentable la ausencia total de un plan de desarrollo turístico sostenible.

Como consecuencia es fácil constatar el caos urbanístico, la escasez de aparcamientos y la ausencia de toda estética.

El haber conseguido para vuestras playas, la Bandera Azul de la Unión Europea, no debe de tranquilizar vuestras conciencias.
Vuestra estructura turística es merecedora de una bandera negra.
Os ruego que contempléis las imágenes donde se encuentra atrapado el Parque Nacional Las Salinas.
Antes que se instalaran las primeras grúas, ya existían estas zonas húmedas, rodeadas de vegetación y parada de diversas aves; formando un conjunto natural con la playa La Fossa Levante.
De este total atropello hemos sido testigos los turistas que hemos elegido Calp para nuestras vacaciones a pesar de tanto asalto a la ecología.
Durante muchos años.
Es evidente que la sensibilidad popular y las asociaciones ecológicas, no han estado a la altura de la denuncia oportuna.
Y la labor de la oposición de turno es manifiestamente mejorable.
Pero aquí la complicidad se ve que es más patente.


Sin pretender apartarse del asunto de Calp, es fácil intuir que este tipo de conductas funcionan mejor en unas regiones que en otras.
Donde la Comunidad Autónoma de Valencia, tendría mucho que objetar.

Pero volviendo a Las Salinas, su extinción toma parte de un plan establecido: La primera parte ya se ha consumado y ha consistido en aislar Las Salinas del mar.
Ahora se está asfixiando el lago sustituyendo las zonas verdes por ladrillos, hormigón y asfalto.
Una vez aislada ecológicamente y deteriorando su micro clima, el humedal se deteriora, los flamencos, las garzas y otras muchas aves, de indudable belleza, lo abandonan y aparecen toda clase de insectos.
Los turistas pedirán ayuda y el Ayuntamientos defenderá a los sufridos invasores, secando el agua de la laguna, y por fin edificándolo todo.
Su objetivo es claro y totalmente posible.


Otra prueba de la poca vocación ecológica del consistorio de Calp, está en la construcción del Paseo Príncipe de Asturias, asaltando el hábitat de las aves y forzando el acceso a los pies del Peñón de Ifach, que siempre habían sido lamidos por las olas del mar.
Creando, además, una playa de piedras artificial, eso sí, con su socorrista y todo.
Aquel pueblo en la ladera de la colina, donde su actividad agrícola y pesquera se extendía hasta el Peñón de Ifach, símbolo de la Costa Blanca, cobijando bajo su protección el puerto pesquero y de recreo, ha desaparecido.

Como conclusión, ustedes los alcaldes que de Calp han sido, han convertido, este encantador paraje, en una pretendida ciudad bajo el símbolo de la especulación; cometiendo un crimen irreparable contra la naturaleza; siendo testigos de este desastre las arcas adineradas de los caciques de siempre, las autoridades, los defraudados turistas y por último los vecinos del pueblo.

Parece ser que no es compatible el desarrollo turístico, los negocios de la construcción y la ecología ...

Pedro Taracena Gil
Agosto 2005

pedroluis.taracena@mpsa.com